Después de la penúltima sesión de mi curso sobre el Porfiriato, esta vez referente a la Iglesia Católica y su relación con Díaz, recuerdo haber llegado a mi casa y asegurar tajantemente: El mal de muchas cosas ha sido la Iglesia. Mi papá, como siempre crítico, me cuestionó: ¿Estás seguro? Así, con una sola pregunta me quedé pensando y rectifiqué: El mal hemos sido nosotros por tolerar tantos males y no querer erradicarlos.
Hace algunos días, una noticia me hizo corroborarlo. Ya sé señores, sé que me he quejado amargamente en este espacio, pero si lo hago constantemente es para crear conciencia entre quienes me leen, y por qué no, pensar en que todos junto podamos cambiar internamente. La noticia no sólo es terrible, sino abominable y escalofriante. En la Delegación Venustiano Carranza, en un Hospital llamado Central de Oriente, se vendían bebes... Lean la nota, háganlo porque al hacerlo entenderán mi indignación.

Es normal, y lo he hecho yo muchas veces, que nos quejemos de los políticos, de los burócratas y de los policías; que nos quejemos de todos aquellos que tienen poder y lo usan para mal. Pero quizá hay veces en las que hablamos de todos estos seres como si fueran de otro planeta (no hay duda de que a veces pareciera que sí), pero finalmente estas personas son terrestres y lo peor, son mexicanas. No quiero generalizar, ¿pero no será que todo está podrido desde adentro?
Vamos, no me entra en la cabeza que haya habido una, o dos, y menos un sistema, de gente que se dedicara a mentir a madres sobre bebés muertos para posteriormente vender a los verdaderos por una "módica cuota". Juro que no me entra en la cabeza que exista mierda (lo siento, no hay otra palabra) como la que vivía de ésto. No me entra, pero a la vez sí. Y a la vez sí porque en este país se han perdido los valores; hoy ya no existe ninguna de las palabras que se relacionaban con éstos, los valores, que en efecto parecen extintos.
Prendemos la televisión y lo primero que percibimos es la falta de éstos pilares fundamentales de la sociedad. Salimos a la calle y nos encontramos con la doble moral. Criticamos de dientes para fuera, pero por dentro mentimos, engañamos, insultamos y somos egoístas. Ese ideal perfecto del deporte, que habla de la competencia justa y equitativa, muere al salir a las calles y enfrentarte a todos que son tus enemigos. Ahí está el que se te cierra en la calle, el que te grita indio o fresa, el que te raya el auto, el que da una mordida al poli para no ser infraccionado, el que copia en un examen y el que compra una película pirata. No, noy voy a librarme de ésto porque no soy un Santo y no negaré que he caído en alguna de éstas faltas; pero entonces, al no negar que he caído en alguna de ellas, me preocupo. Pero sobre todo, ¡me ocupo!
El cambio en este país es una palabra que de pronto surge como moda. Siempre esperamos que alguien solucione nuestros problemas como sucede en las películas o novelas. Siempre deseamos que exista un personaje que cambie todo y mejoremos milagrosamente. Y es que muchas veces queremos que todo se solucione sin que nosotros movamos un sólo dedo. No queremos esforzarnos, somos flojos e insistimos por esa cómoda incomodidad.
¡Ya basta! Ya basta de seguir con esa putrefacción que impera en nuestra sociedad y que permite que políticos, cocineros, empresarios, policías y demás mexicanos, evitemos cambiar y con ello, hundamos más al país que grita día a día por nuestra ayuda. ¡Ya basta! Ya basta de seguir lastimando nuestro hogar, nuestro país que a fin de cuentas debemos de querer porque en él están quienes amamos, nuestro trabajo, nuestras ilusiones y nuestros recuerdos. ¡Ya basta! Ya basta de seguir escuchando de seres abominables que viven a nuestras espaldas (y muchas veces frente a nuestras narices) obrando mal y cometiendo crímenes como éste. ¡Ya basta! Ya basta de vivir en un país donde los valores son inexistentes y todos, ¡todos nos odiamos unos a otros!
Hay quienes sueñan con que algún día todos podamos organizarnos, como cuando se organiza un performance en homenaje a Michael Jackson, para tomar un fin común y pelar por él. Yo la verdad me conformo con menos, me conformo con que desde las familias nuestra sociedad cambie y poco a poco nosotros mismos evitemos que gente como ésta siga encontrando razones para seguir existiendo. Qué "chido" que muchos en twitter se juntaron para evitar el 3% a telecomunicaciones, pero a ver, seamos sinceros, ¿ese era el peor de los males? ¿Por qué no exigimos igual contra los otros impuestos? (Que a mi parecer son más dañinos). ¿Por qué no exigimos igual cuando murieron casi 50 ñinos en una guardería en Hermosillo? ¿Por qué no nos levantamos y exigimos, sobre todo exigimos, por la ineptitud de nuestros gobernantes?
No, pues no lo hacemos porque no nos importa, porque nos vale madres que este país siga hundiéndose. ¿Que por qué no me levanto yo y lo exijo? Yo lo exijo, con mis familiares y amigos, con aquellos en quienes se que puedo influir; yo lo exijo, con la gente con la que tengo contacto y sobre todo, con aquellos que sé que terminarán en puestos importantes donde influirán a otros. Yo lo exijo y lo exijo a quienes puedo influir, porque a mi manera de ver la verdadera revolución es interna, donde está ese mal interno que pudre a México; porque esa verdadera revolución viene de dentro y desde ahí, podríamos pensar en un cambio.
¡Nunca! ¡Nunca cambiaremos desde fuera! Para lograr salir de este atolladero nauseabundo es necesario que volteemos hacia dentro, en la educación de los más pequeños en nuestros círculos, que volteemos y nos fijemos en nuestros círculos cercanos. ¡Ya basta! Ya basta de tener que leer y escuchar que existe gente que apenas podemos ubicar como seres humanos, y sobre todo, que sepamos que son mexicanos...
Enrique Figueroa Anaya



2 comentarios:
¡Vientos Quike! Completamente de acuerdo contigo y con la "mierda" como dices, que tienen en la cabeza la gente que hace lo de los bebes y muchas cosas más, ojala y pronto salga a la luz más crimenes como ese para que los agarren a los jijos de arnais.
Saludos
¡Una Revolución Interna¡ Perfecto el concepto que manejas, es tan fácil decir quejate, quejate y quejate, pero ¿Porqué no ocuparse? Simple, porque es más fácil hablar que hacer las cosas es menos estresante el hablar y decir tantas cosas, que eso mismo pasa con los gobernantes promesas y demás circunstancias. Los contrastes que tiene la sociedad son precisamente por la educación que se da en el núcleo familiar, que desafortunadamente no son totalitarios para toda la sociedad y cada quien va formando pensamientos que muchas de las veces llevan a cometer errores y escribiendo esto y tratando de analizar un poco mas la situación debería pensar que entonces ¿Será un error de educación en el núcleo familiar? o ¿Culpa de la educación otrogada en las escuelas públicas? Uyy jaja ya me emocione, pero es un tema demasiado extenso y hay muchas cosas que se pueden analizar. Pero pues dejaré sin concluir jaja. Ya me dirás después que piensas.
Y por último no me voy sin antes darte nuevamente las gracias por hacer que la inquietud acerca de estos temas se pueda digerir lentamente para dar claramente en el objetivo.
Saludos Quique!!
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