16/02/2010

Nueva York 2.0

AUTOR INVITADO
ESPECIAL: Un año de asfalto...

Así es, como ya leyeron en la entrada de este martes, celebramos con bombo y platillo un año de estar en la red. Un año que para nada ha sido fácil, pero un año en el que sobre todo hemos ganado nuevos lectores y muchísimos nuevos amigos. Algunos se fueron incorporando con el paso del blog, con la apertura de la cuenta en Twitter, y otros más que ya conocía me mostraron una cara diferente con sus blogs.

Es por eso que abro un espacio para mis amigos, para todos aquellos que gustan de escribir como un servidor, y sobre todo un espacio para que compartan un poco de lo mucho que tienen que dar. El día de hoy el espacio lo abro a mi amigo Ricardo Otero, que pueden leer en 'El Rincón No Poético del Mac', del mismo modo, no dejen de leer su otra aportación como autor invitado en este blog.

Sin más, los dejo con el regalito que manda a Asfalto Tecnicolor... ¡Gracias Mac!

Nueva York 2.0
Por Ricardo Otero


No, no fue mi segunda visita a la Urbe de Hierro, sino la primera...

Hasta hace no mucho tiempo, la manera de comunicarse con el mundo cuando se estaba de viaje eran el teléfono y el correo convencional. Mandar una carta o una postal implicaba que ésta pudiera llegar cuando el remitente ya estuviera de vuelta. No obstante, la parte romántica de escribir unas líneas en puño y letra a un ser querido siempre se agradece, aún en esta época.

Antes de seguir, debo confesar que cuando salgo de viaje normalmente trato de evadir al mundo: dejo en casa todo dispositivo que me pueda proveer de comunicación, con excepción de mi teléfono celular, estrictamente por motivos de seguridad.

Pero para mi reciente viaje a Nueva York me propuse hacer un experimento. ¿Cuál es el alcance que te dan las herramientas tecnológicas para poder hacer una "cobertura" en tiempo real de un viaje? ¿Qué tanto se ha superado el teléfono y el correo? En resumen, aprovechar mis herramientas de web 2.0 fuera del país.

Así que empaqué mi laptop (lo menos portátil entre lo que se puede llamar portátil) y de acuerdo al plan original, el primer día compré a Molly, mi iPod Touch, mi primer gadget con recepción de wi-fi integrado.

Cada noche llegaba al departamento (que contaba con internet, ¡yeah!) a subir las fotos del día al
álbum del viaje (no todas obviamente, tomé 877 y publiqué 127), y si la inspiración me daba, hacía un post. He de confesar que al llegar allá no tenía claro de qué escribiría, pensaba que haría uno del Dakota, otro de la Estatua de la Libertad, otro de Yankee Stadium... Pero bastó que pasáramos de manera fortuita por La Pinche Taquería para que se me abriera la mente: debía reseñar aquello que no te ofrecen en las agencias de viaje ni de lo que escriben en las revistas: así terminé contándoles del lado curioso y/o romántico de la Gran Manzana.

Además, desde el 30 de diciembre -llegué el 28 en la noche-, gracias a mi iPod, en cuanto encontraba una red disponible podía actualizar mi Twitter. Cada trino lo adornaba con el hashtag #MacAtNYC a manera de bitácora del viaje en fragmentos de 140 caracteres. Levanté algunas envidias.

Aún así, no abandoné la idea romántica de preparar algunas postales a gente bien seleccionada. Fue liberador poder tomar una pluma y hacerla bailar. Pero el plan falló cuando la oficina postal no quiso abrir durante los últimos dos días que estuve allá.

Perdí algunas horas de sueño por las fotos y el blog, no puedo negarlo. Claro que reseñar las más de 100 horas que pasé en calles neoyorquinas era imposible, pero el experimento resultó exitoso en cuestión de cobertura.

No es que vaya a cambiar el enfoque de mis próximos viajes, pues hay destinos que sirven para alejarse del mundo y otros que te acercan aún más a él.

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