25/12/2011

Temperatura.

EL ÁRBOL BAOBAB

¡Feliz Navidad 2011 asfaltosos!

Bajo la mesa, coqueta, insistías y yo me desesperaba. No podíamos movernos tan fácilmente, con toda la familia, con alguno que otro amigo... Bajo la mesa, sin pudor, tu mano ascendía y mi temperatura subía.


Volteaba a verte y me retabas. Tomabas una fresa, la deslizabas suavemente por tus labios y la mordías con delicadeza. Me sonreías, tomabas esa copa llena de champagne y me retabas; te gustaba, me gustabas, me enloquecías y apenas podía contenerme.

Hacía rato que habíamos estado juntos; apenas esta tarde me aparecí de nuevo frente a tu puerta. Inesperada mi visita como tu reacción, ya que recuerdo, te sacaste de onda. Fueron segundos, muy pocos ciertamente, ya que de inmediato saltaste hacia mí y me besaste. Recuerdo haberte abrazado con tanta fuerza; no pensé que volvería a hacerlo.

Tu mano subía peligrosamente por mis muslos, la colocabas con cuidado y delicadeza encima de mi pantalón; me desesperaba... Te veía con cierto miedo; no quería que nos descubrieran; poco te importó y continuaste. Alguien te llamó y volteaste a verlo, sin embargo, tu mano continuaba.

La última vez nos la pasamos riendo, justo como te encantaba que lo hiciéramos, sin solemnidad ni tapujos. Me encantaba que estuviéramos así por horas, sólos tu y yo y alguna que otra risa como siempre te encantó.

Volteaste a verme, pidiéndome que lo hiciéramos, que nos levantáramos y por minutos desapareciéramos. No tuviste que convencerme dos veces.

Después todo desapareció, te fuiste y yo lo hice, por años nos dejamos de ver hasta que un día, en Noche Buena, me aparecí...

Me tomabas de la mano, te disculpabas con tu familia y les decías que me llevarías al árbol; siempre fuiste mala mintiendo...

Imagen.- C 2, de Jozé de Abreu.

Enrique Figueroa Anaya

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