EL ÁRBOL BAOBAB
¡Feliz y próspero 2012 para todos los asfaltosos!
Abría los ojos, poco a poco, como si fuera la primera vez que lo hacía. Sentía la luz, sentía los colores y sentía la vida. Movía las manos poco a poco, para después, tocarse la cara. Ignoraba cuánto tiempo había estado así, en ese estado, en esa cama...
Fue una enfermera la primera en darse cuenta, y de inmediato, corrió a gritarle a los médicos que finalmente había abierto los ojos. El hospital fue una locura, secretarias, médicos y pacientes se emocionaron por igual; había sido un milagro.
Los oídos, los de ella, poco a poco percibieron el bullicio. Movió sus labios, para posteriormente con su lengua, humedecérselos. Apenas sentía la mayor parte de su cuerpo; el despertar, no había sido inmediato.
Los médicos empezaron a llegar; caras que para ella eran completamente desconocidas. Conforme pasaron las horas llegaron sus familiares, a quienes percibía distintos; años habían sido los que pasó en ese estado. Por la noche, y sólo debido a su pronta recuperación, algunos médicos entraron a hacerle una serie de preguntas. No había pronunciado aún palabra alguna.
Con los días la preocupación aumentó, ya que si bien era un milagro el que todo su cuerpo reaccionara, el hecho de que no hablara era algo que desconcertaba.

Muchas semanas después de su milagroso despertar, acompañada por sus más cercanos familiares, finalmente pudo salir del hospital. Fue ahí, en un momento a solas mientras alzaba la vista hacia el radiante sol, que pronunció sus primeras palabras, -ahora a vivir-, y sonrió.
Enrique Figueroa Anaya


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Enrique F. A.



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