LA CRUDA
Hace poco me enteré de la muerte de ella, de Sara, de Saraí...
A Sara la conocí de una manera poco común. Fue a través del internet donde hice el primer contacto con ella. Desde aquella vez, donde intercambiamos correos y alguna que otra foto, formó parte poco a poco de mi vida (o por lo menos de parte de ella).
Los encuentros fueron fugaces. Siempre retándonos por conocernos finalmente, cara a cara y no a través de esa pantalla donde yo podía ser alguien más, y ella también... Pasaron muchos meses, probablemente un año, de que finalmente rompiéramos el "anonimato" y nos atreviéramos a conocernos. Lo único con lo que contaba era una fotografía. Sus ojos, desde el inicio, me atraparon. 
Quedamos de vernos un día en el centro, cerca de su trabajo, a unas cuadras del Zócalo. Ya nos habíamos estado hablando, con el nerviosismo de saber si ella era ella, y si yo era yo. Me da risa el recordar en ese momento. Los nervios estaban a tope. El primer contacto visual lo hice yo. Viéndola de lejos, con una playera naranja que le quedaba grande; me dí cuenta de que ella era ella. Yo seguía jugueteando. Escondiéndome y haciéndola sufrir por un rato. En pocos minutos me puse frente a ella y nos saludamos por vez primera.
Ese día hubo algo en sus ojos. Algo que capté de inmediato y a partir de ahí de alguna manera me agarré de ello. Parecía que ya nos conocíamos lo suficiente, cuando en realidad, nos conocíamos tan poco. Le tomé de la mano y la acompañé al metro antes de que se fuera a su casa; vivía muy lejos y el punto medio era el centro; sobre todo si quería mantenerme un poco alejado, sin revelar mucho; no la conocía.
No recuerdo si fue la segunda, o la tercera vez, pero pronto terminamos besándonos y de ahí dimos el siguiente paso. Me da mucha gracia recordar la primera vez. Ella lucía hermosa, con un vestido rosa que le quedaba a la perfección y arreglada de la mejor manera en la que quiso presentarse frente a mí. Yo sólo quería lucir presentable y pasé por ella. Si no me equivoco la ví en metro Taxqueña y de ahí nos movimos hasta la carretera libre a Cuernavaca.
Los dos estábamos nerviosos, aunque ella, un poco más. Yo trataba de hacerla sentir segura, que no pasaba nada, que sólo nos divertiríamos... Me acuerdo que le decía muchas cosas; de esas que le encantaba escuchar; de esas que me encantaba decirle. Ese día recuerdo bien que me agradeció por la paciencia, así le llamaba ella, de escucharla y leerla. Poco a poco me fui percatando que ella era muy frágil, más que yo en esos años...
Hubo otra ocasión que recuerdo bien. Fue un día que nos fuimos a Coyoacán. Me dijo con ternura que hacía ya muchos años de que no había ido ahí. Entendí que no todo le era tan fácil como a mí...
En los días que le fui conociendo me enteré de muchas cosas de ella. Supe que esa fragilidad provenía de un sufrimiento enorme que le había perseguido a lo largo de su vida. La separación de sus padres, su familia inestable, su matrimonio con alguien que no la amaba y el dolor de haber perdido a un hijo. Fue ese relato, el del hijo perdido, el que me dejó helado. No podía entender cómo con tanta sencillez podía contarme una historia tan triste y dolorosa. Veía en sus ojos mucha tristeza, pero a la vez, supe entonces que a al vista podía parecer más frágil, cuando realmente, era ella la más fuerte.
Otro día que guardo en mi memoria es la vez que nos vimos después de que dejé de verla... Yo para ese entonces estaba muy confundido. Por una parte contento de tenerla, pero por otro, ignorando si quería o no estar a su lado. Ese día que recuerdo, cuando se subió a mi auto de inmediato, la besé. Nos volvimos a escapar, justo el día que le abracé por detrás y que frente a un espejo le negué una foto que a la postre hubiese sido el único recuerdo gráfico de ella a mi lado. Me encantaba su cara; la quería tanto.
Por la tarde de ese día, que si no me equivoco era un sábado, nos escapamos al bosque de Tlalpan. Fue ahí que subimos y nos divertimos escapando de la mirada de la gente para quienes éramos indistintos. Más tarde la volví a dejar en Taxqueña, justo donde la había visto para iniciar ese día que siempre me recordó.
Mis recuerdos hoy son vagos, dejando escapar seguramente varios detalles que hoy me encantaría evocar. Lo que es cierto es que después la dejé de ver. Me insistió en correos el que nos volviéramos a ver; me pidió, que le explicara, el porqué de mi repentina desaparición. Traté de zafarme de ella, alejándola a propósito, para que dejara de ser parte de mi vida.
La última vez que tuve contacto con ella fue en octubre o noviembre de 2010. Sabía que seguía al pendiente de lo que hacía por lo que me comentó observó en una foto; si me viera hoy no sé qué me diría... Fueron por esos meses que supe algo, muy poco, de Sara Saraí. No recuerdo si cuando intenté llamarle por teléfono fue aún en ese año, o probablemente, corriendo ya 2011.
Hace poco me enteré de la muerte de ella un 23 de enero de 2011... Poco sé de cómo se fue de este mundo. Me vienen a la mente las veces que me decía que se sentía muy enferma; los recuerdos de su tristeza; la melancolía de su mirada. Cuando quise buscarla, una vez más, tenía toda la intención de agradecerle por ayudarme en esos años en los que nos vimos, abrazamos y besamos. Sé bien que se fue sin saber que si probablemente yo le ayudé a sonreír en algunos momentos, ella hizo mucho para que yo así también lo hiciera. Me fui cuando ella me decía 'te amo', sin decirle siquiera 'te quiero'...
Hace un año me dijeron que te fuiste, espero no sea tarde para agradecerte lo que hiciste por mí, pero sobre todo por la confianza y cariño que siempre me expresaste. Sé bien que nos veremos. Hasta entonces 'niña de los ojos bonitos'...
Enrique Figueroa Anaya
005 Famsa.com
Hace 59 minutos


07:00
Enrique F. A.



2 comentarios:
Es una historia un poco triste, espero que estés bien y decirte que va bien sacar lo que llevas dentro y te ha costado decir. Es una forma de hacer terapia. No te tienes que sentir culpable para nada, simplemente recuerda lo bonito que fue mientras estuviste con ella y intenta aceptar que a veces las personas se van cuando ya no aguantan sufrir más ni saber ganar a los demonios o temores o penas que tenemos dentro de nosotros. Por otra parte, la gente también muere de accidentes, por muerte natural o por lo que sea, ... es una parte más de la naturaleza, el problema está en que esto no nos lo han enseñado, por eso sufrimos tanto a veces cuando una persona querida se va, ... muchos ánimos y seguro que más allá de tus palabras habrá escuchado tu corazón. No creo en Dios, pero si en algo, la energía y todos estamos hechos de esta. Alguna cosa se va, pero la otra permanece aunque no la podamos ver ni tocar. Un abrazo y no tengas remordimientos por nada. No has sido el culpable de nada de lo que le pasó a su triste vida, más al contrario, quizás le diste tu algo que ella necesitaba, el cariño y la comprensión de alguien que es escuchada.
Te agradezco mucho las palabras. Un abrazo grande y nos seguimos leyendo.
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