02/02/2012

La sencillez de vivir

QUIKEANDO

Sólo hay un hoy, pensé, cuando escuchaba un poco de la historia de Don Lalo.

Don Lalo es todo un personaje. Duerme en una combi en la calle de Tepetlapa, cercana a Miramontes y Marina Nacional, que a la vez le sirve como expendio de tacos. ¿Un personaje entonces? Si bien su actualidad no pareciera deslumbrante, la realidad es que detrás de sus ojos, hay toda una vida recorrida.

A Don Lalo lo conocí por mi gran amigo Sebastián, sí, el que se casó y el que tiene a un pequeño de nombre Nicolás. Si algo he de resaltar de Sebas, entre muchas cosas que así podría hacer, sin duda me quedaría con su genial charla y forma de crear empatía con todo aquél con el que platica.

Siempre he admirado de Sebas su forma de acercarse a la gente. Hay sinceridad en sus palabras, pero sobre todo, un don de gentes que siempre le he admirado. Así fue que se ganó la amistad de un hombre nacido en los 40's, un hombre que no terminó la preparatoria pero se fue de vago a Europa. Un hombre que hoy se dice en paz con su realidad. Un hombre sencillo al que probablemente nosotros, inmersos en un mundo tan complejo, nos cueste tratar de entender.

Entre tacos y cervezas, así como un poco de vino blanco (bastante malito la verdad jaja), estuve escuchando lo que Don Lalo platicaba con Sebas. Platicaban de sus tertulias dominicales, esas en las que se ponían a cocinar comida española, mientras amenizaban con música y un buen vino tinto.

Ese día, además de disfrutar como siempre la compañía de mi amigo, me quedé pensando que a veces son los más sencillos quienes más viven. Esa sencillez de vivir deberíamos dejar que nos contagiara...

Enrique Figueroa Anaya

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