05/02/2012

Tímida.

EL ÁRBOL BAOBAB

Habíamos quedado de vernos frente a la Camionera del Sur. Hacía días que habíamos estado discutiendo, tu cuestionándome por mi repentina desaparición, yo tratando de justificarme y de zafarme de tí. Ahí estabas, con un bonito vestido color rosa y una chamarra roja, seguramente para cubrirte un poco.

En cuanto te subiste, sin pensarlo, nos besamos. Atrás habían quedado las palabras que te había dicho, esas tonterías, donde decía que jamás volvería a hacerlo. Mis instintos me fueron guiando, verte y tenerte junto a mí era demasiado; había que consumarlo, había que consumarnos, había que consumarte.

Pensé en un lindo lugar al cual llevarte. Quise sorprenderte, pero simplemente me dejé llevar, y te llevé sin dudarlo. Llegamos al garage, estacioné mi auto y juntos de la mano, subimos al cuarto.

Me acuerdo muy bien que te daba gracia lo que veías. Un jacuzzi te sorprendía. Tantas atenciones de parte mía nunca te explicaste. Nos sentamos, para romper el hielo, y al poco rato volvimos a besarnos. Te quité tu chamarra mientras poco a poco te besaba.

Eras tan menudita, con tu cabello corto y tus ojos tan hermosos. Había cierta inocencia en tí, cierta timidez que me atrapaba y me excitaba. En esos momentos seguí besándote, despojándote poco a poco de la ropa que me encontraba. Agradecía que llevaras falda, creo que te lo dije...

Al poco tiempo éramos los dos sobre la cama. Desnudos, con sudor en nuestras frentes y con la respiración agitada. Me encantaba tocarte, ver cómo te ponías nerviosa con cada uno de mis movimientos y con cada uno de mis atrevimientos. Oh, Dios, cómo amaba esa visión de tu cara. Sonrojada y con la cara de lujuria que te caracterizaba. Oh Dios, no podía con esa visión...

Nos fundimos en un beso grande, para después, fundirnos con nuestros cuerpos y entregarnos a la lujuria. Por un momento entré en tu interior y tu me recibiste. Fue como recordar que en tan sólo un momento podemos ser uno sólo. Fue como pensar que lo que sucedía a nuestro al rededor era algo ajeno, ya que en ese momento, sólo nos encontrábamos los dos.

Terminamos con risas en el jacuzzi. Te abracé y te volví a besar. Nunca quisiste tomar ninguna bebida a mi lado, no me molestaba, ya que no hacía falta probar algo más después de probarte. Nos vestimos, te llevé a la camionera y nos despedimos.

Pienso que eras tímida, pero a la vez, pienso que los tímidos fuimos los dos. Probablemente nuestros encentros fueron por miedo, por miedo a la soledad, o por miedo a nosotros. Ojalá hubiese sabido que aquella vez iba a ser la última que te vería; sin duda otra cosa te hubiera dicho en lugar de 'hasta la próxima'.

Imagen.- Grittier girl, de Nikkidelmont.

Enrique Figueroa Anaya

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites More

 
Powered by Blogger | Printable Coupons